viernes, 9 de mayo de 2008

Cerro del Molinete

Se denomina Molinete a una de las cinco colinas que conformaron topográficamente la antigua península de Cartago-Nova, exactamente la que la cerraba por Occidente, bañada por la laguna del estero o "almarjal". En la descripción de la ciudad que hace Polibio a mediados del siglo II a.C. la nombra como "Arx Asdrubalis", haciendo referencia a que en época cartaginesa se asentó en la misma el palacio o sede del estratega cartaginés.
Actualmente es una pequeña elevación amesetada y aterrazada, desprovista de viviendas por el derribo del barro más reciente, pendiente de una actuación arqueológico-urbanística que la rehabilite y ponga en valor los numerosos hallazgos arqueológicos que se han venido produciendo en estos últimos años, para lo cual se han reservado más de 26.000 metros cuadrados de parque y zona de reserva arqueológica.

Desde las primeras campañas arqueológicas de finales de los años setenta se han venido efectuando esporádicas actuaciones por todo el conjunto, generalmente muy fructíferas. De los principales descubrimientos arqueológicos en la colina (aparte de su sugestiva topografía aterrazada que recuerda los grandes santuarios itálicos romano republicanos), destacaremos el basamento del "podium" de un templo, forrado con andesita volcánica negra, y asociado a piletas de agua y a un "aedicula" con inscripción en su pavimentación dedicada a la diosa de raigambre oriental Atargatis (que nos hace referencia a un culto salutífero) en lo alto de la colina, los restos de un gran depósito de aguas en la parte occidental superior (asociados a pilares de un acueducto de traída de aguas al mismo), silos e instalaciones industriales romanas en sus vertientes norte y oeste, y las estructuras de habitación púnicas, ibéricas y romanas antiguas que aparecen por doquier.
Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos más espectaculares se concentran desde 1995 en la ladera meridional, abierta al área foral de la ciudad púnico-romana. En esta zona (entre las calles Aurora, Balcones Azules y Adarve) se han documentado restos del "podium" monumental de un templo, una posible palestra, unas cisternas romanas talladas en la roca o con estructura abovedada muy bien conservada, restos de "peristilos" con porticados columnados, calzadas, tiendas, restos de un posible santuario púnico monumental y una instalación comercial-industrial, con un "larario" asociado en la calle "Aurora".

De todos ellos, únicamente está abierto al público el conjunto del área pública-sagrada frente a este "podium", de más de dos metros y medio de altura, conservada, interpretado provisionalmente como perteneciente al templo capitolino de la ciudad desde época tardo republicana. Se trata de una estructura rectangular maciza de opus caementicium y relleno de tierra, forrada exteriormente por sillares de arenisca local (muy monumentales en sus caras laterales), al que se accede por dos escalinatas laterales, de 3.70 mts. de longitud cada una, perfectamente talladas en sillares calizos. El espacio frontal del "podium", de más de treinta metros de longitud, aparece compartimentado por cinco pequeños espacios o "aedicula", que se interpretan como capillitas dedicadas a dioses menores asociados al culto principal de la cella que estaría en lo alto del "podium".

Por delante del edificio transcurre una calzada romana que atraviesa toda la explanada de esta ladera meridional baja de la colina, amortizada a principios del siglo I d.C. para la instalación de un gran enlosado marmóreo delimitando una plaza o témenos sagrado. De este último espacio público se ha podido localizar en las últimas campañas de excavaciones (aparte de numerosos restos de dicha pavimentación suntuosa), restos de los basamentos para estatuas y elementos conmemorativos y una gran tribuna central con escalera que en él destacaban.
Por los laterales del edificio sagrado transcurren unas canaletas de agua a presión que alimentarían previsiblemente los estanques y fuentes del área foral tras pasar por una torre de agua a presión también localizada en este gran espacio abierto.
Es visible, asimismo, en su extremo occidental, los restos de unas construcciones de buen porte, con muros de sillares escuadrados bien conservados, con una finalidad todavía incierta pero asociada indudablemente al agua. De todo este conjunto que las excavaciones empiezan en descubrir destaca una construcción con un porticado de entrada, un gran umbral de acceso a la misma y donde una de sus habitaciones apareció pavimentada con un mosaico geométrico del siglo III d.C.
Aparte de los restos inmuebles, han sido muy abundantes los hallazgos de mármoles arquitectónicos, escultura, epigrafía y vajilla cerámica y de metal, que se hallan en el Museo Arqueológico Municipal.
A falta de ampliar las excavaciones en nuevas campañas y completar catas en profundidad en algún punto de lo ya descubierto se han podido individualizar fases de ocupación tardo romanas (siglos IV-V d.C.), el uso
público de la plaza (siglos I-III d.C.), la construcción del templo y su calzada anterior (siglo I a.C.), e incluso restos de la ocupación púnica de esta parte de la ciudad (siglo III a.C.), lo que demuestra la larga pervivencia e interés histórico de este conjunto por permitirnos conocer un poco más de algunas de las épocas más oscuras de la historia de Cartagena como el periodo púnico o el tardo republicano.
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