Aprovechando estas condiciones, el impulso salinero en Santa Pola se produjo a finales del s. XIX y principios del XX. La creación de las primeras infraestructuras se realizó manualmente; se construyeron miles de metros de diques necesarios para separar y retener el agua; se adecuaron los fondos de las balsas y se inundaron éstas elevando las aguas del mar mediante norias movidas con tracción animal.
Antiguamente la sal era transportada principalmente por mar, utilizando para ello barcazas o gabarras que la llevaban desde las salinas hasta los barcos fondeados mar adentro.


