viernes, 9 de mayo de 2008

Catedral Vieja de Cartagena (IV)

LA ÉPOCA MEDIEVAL
Tras la reconquista de Cartagena en 1245 por Alfonso XII, entonces Infante, se restituyó en la ciudad el Obispado, nombrando como primer titular de la sede episcopal al propio confesor del Infante, el franciscano Fray Pedro Gallego. Debió entonces plantearse la construcción de un templo catedralicio en el solar que, posiblemente, hasta entonces había ocupado la mezquita árabe, lo que quedaría atestiguado por la existencia en el interior del recinto sacro de un aljibe, dado lo necesaria que es el agua en los cultos musulmanes.
De esos momentos iniciales de la recuperada sede episcopal tenemos, como único testimonio arqueológico, la lápida sepulcral de Sancho de Butrera, hallada en las cercanías de la capilla del Cristo del Socorro en los primeros años del siglo XX. Lápida funeraria que se fecha en el 11 de Abril de 1252 y que en la actualidad se conserva en el Museo Arqueológico Municipal.
De estas mismas fechas es posible que date la imagen de la Virgen del Rosell, la antigua patrona de Cartagena, que en la actualidad recibe culto en la Iglesia de Santa María de Gracia. La escultura, que según la leyenda fue encontrada flotando en el mar por un pescador llamado Ros, de ahí su nombre, ha llegado hasta nosotros muy modificada por restauraciones y reformas pero es posible rastrear en ella, sobre todo por la advocación que leyendas aparte presenta, un origen catalán, ya que de allí procedían los repobladores que ocuparon estas tierras tras la Reconquista y de allí eran también los primeros artistas que tenemos documentados trabajando en la época en el Reino de Murcia.
Más que por el peso que pudo tener la tradición de existencia de un templo paleocristiano en su solar, algo que al margen de no ser realidad sería una tradición que difícilmente hubiera podido pervivir durante el período de dominación árabe, la elección del lugar para la construcción de la catedral estuvo motivado, como ocurría en los lugares reconquistados que estaban cerca de zonas fronterizas y sujetos a posibles ataques, por motivos estratégicos y defensivos, al edificarse en las cercanías del recinto fortificado. De cualquier manera, la primitiva intención de levantar una gran catedral para el obispado cartagenero en la ciudad cabeza de la diócesis quedaría pronto abandonado, limitándose a levantar una iglesia más próxima a un templo parroquial que a una sede episcopal. El motivo de este cambio de planes fue el traslado de la sede a la capital del Reino, a Murcia, decisión tomada en 1291 por el entonces obispo Diego Martínez de Magaz.
De la iglesia medieval es poco lo que queda, tan solo algunos arcos y pilares, aunque lo que sí que se mantiene hasta la actualidad es la planta rectangular con torre cuadrada a sus pies. Ya de los finales de la época medieval data otro de los escasos testimonios que de los primeros tiempos de la catedral cartagenera han llegado hasta nosotros. Se trata del retablo de alabastro inglés, de la Escuela de Londres, datable entre 1475 y 1500 y que desde 1871 se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Ya renacentistas, del último tercio del siglo XVI, son algunos restos que han sobrevivido de las reformas llevadas a cabo por Juan Bautista Antonelli, arquitecto que, junto a Vespasiano de Gonzaga, acudió a Cartagena por mandato de Felipe II para construir unas murallas.
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