miércoles, 14 de mayo de 2008

Turismo Cartagena Murcia - Ecosistemas de nuestro litoral (II)

Vegetación.

El paisaje vegetal del litoral murciano es el resultado de la intensa transformación que el hombre ha ejercido sobre las comunidades naturales, adaptadas a la aridez general del clima y a las condiciones particulares de cada uno de los ambientes costeros.
Apenas quedan restos de la vegetación que antaño cubrió las zonas más bajas, como el Campo de Cartagena, por haber sido intensamente cultivadas. En los relieves de las sierras litorales aparecen diversos matorrales, con especies espinosas como el cornical (Periploca laevigata) y el arto (Maytenus senegalensis), junto con lentiscos (Pistacia lentiscus), y palmitos (Chamaerops humilis).
Muchas de estas zonas han sido repobladas recientemente
con especies arbóreas como el pino carrasco (Pinus halepensis) que, si bien forma parte de la flora autóctona, nunca debió alcanzar la gran extensión que actualmente ocupa. Más interesante es la presencia de otra especie arbórea, la sabina de Cartagena (Tetraclinis articulata), planta norteafricana que tiene en las sierras próximas a esta ciudad su única localidad en el continente europeo.
Vivir en las proximidades del mar plantea serias dificultades a las especies vegetales, sólo superados por unas pocas de ellas con adaptaciones especiales. Si bien la influencia marina contribuye a suavizar la aridez climática creando un microclima húmedo, el aire cargado de partículas de sal en suspensión (maresia) tiene un efecto negativo sobre la vegetación de roquedos y acantilados costeros, a menudo sometidos directamente a las salpicaduras de las olas.
Especies como el hinojo marino (Chritmum maritimum), el cambrón (Lycium intricatum), la lechuga de mar (Limonium cossonianum), o la margarita marítima (Asteriscus maritimus), se han adaptado a vivir en estas condiciones.
Las zonas salinas, abundantes en el litoral murciano, están pobladas por especies resistentes a la elevada salinidad de los suelos y a encharcamientos más o menos permanentes. Las adaptaciones más frecuentes son las formas crasicalules, de tallos carnosos, como los almajos o salicornias (Sarcocornia, Arthrocncmum), o la posesión de glándulas foliares que excretan el exceso de sal, como las siemprevivas (hmonium), cuyas hojas basales se recubren de una fina película de sal eliminada.
Como especies arbóreas, aparecen los tarajes (Tamarix). En la parte interior de las salinas y lagunas litorales, donde los aportes de agua dulce son mayores, aparecen extensos carrizales (Phragmites australis).
La vida en las dunas plantea para las plantas la posibilidad de ser enterradas o de quedar con su sistema radical al descubierto a causa de la movilidad del sustrato. Sólo gramíneas con un importante sistema radical, como el barrón (Ammophila arenaria) colonizan los estadios iniciales de las dunas, contribuyendo a su fijación y permitiendo que sean colonizadas por otras especies, como el lentisco (Pistacia lentiscus), el espino negro (Rhamnus lycioides) y la sabina (Juniperus oophora), o por plantas introducidas por el hombre, como la pita (Agave americana) o el pino carrasco (Pinus halepensis).

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